La Academia Madrileña de Gastronomía premia a once referentes en su décima edición

La Academia Madrileña de Gastronomía entregó sus X Premios de Gastronomía de la Comunidad de Madrid con once galardonados
Manos de un cocinero emplatando un plato de temporada en una cocina profesional madrileña durante la preparación del servicio de noche

La Real Casa de Correos, con la Puerta del Sol al fondo, fue el escenario elegido para celebrar diez años de los Premios de Gastronomía de la Comunidad de Madrid. La X edición de estos galardones, organizados por la Academia Madrileña de Gastronomía, reunió a representantes institucionales, profesionales del sector y algunas de las figuras más reconocidas de la escena culinaria madrileña para distinguir a once proyectos que, según la entidad, encarnan lo mejor de una región convertida en referente continental.

Once premios que trazan el mapa gastronómico de Madrid

El palmarés de esta edición abarca un espectro amplio, desde la alta cocina hasta el puesto de mercado. Montia, el restaurante de Daniel Ochoa y Luis Moreno en San Lorenzo de El Escorial, se lleva el galardón en la categoría de Restaurante/Cocina, reconocimiento que consolida su apuesta por el producto de temporada y el entorno natural serrano.

La cocina internacional tiene este año nombre propio: Sen Omakase, propuesta de sushi omakase que ha sabido instalarse con criterio en una ciudad donde la oferta japonesa ha madurado considerablemente. En el extremo opuesto del espectro de formato, El Fogón de Trifón recibe el premio en la categoría Bar/Taberna, un guiño de la Academia a los espacios de barrio que sostienen la cultura del tapeo madrileño.

LaLópez se alza con el galardón de Puesto de Mercado, categoría que la Academia incorporó precisamente para reflejar la revitalización de los mercados municipales como escenarios gastronómicos. Luis García de la Navarra, reconocido como uno de los mejores profesionales de sala de la capital, suma el premio en la categoría Sala/Sumiller. La vinoteca Caiño, especializada en vinos y licores, completa la terna de negocios más ligados al producto y el servicio.

Fuera del circuito de restaurante convencional, Red Panda Madrid recoge el galardón al Proyecto Empresarial Gastronómico. Según recoge ABC Gastronomía, el local de comida asiática nació como una dark kitchen con envío antes de evolucionar hacia su formato actual, trayectoria que ilustra cómo han cambiado los modelos de negocio en restauración durante los últimos años.

El Pedrusco de Aldealcorvo recibe el reconocimiento en la categoría Restaurante de Producto/Casa de Comidas. Pastelerías Mallorca, institución centenaria de la repostería madrileña, se lleva el premio en Dulce/Repostería. La DOP Aceite de Madrid cierra el apartado de categorías ordinarias con el galardón al Producto de Madrid.

Botín y el peso de tres siglos de historia

El premio a toda una vida fue, quizás, el momento más emotivo de la noche. Botín, fundado en 1725 y reconocido por el Libro Guinness de los Récords como el restaurante más antiguo del mundo en activo, recibió un galardón que trasciende lo estrictamente culinario para adentrarse en el terreno del patrimonio cultural. Que una Academia nacida en 2016 decida honrar a un establecimiento con tres siglos de historia en su décima edición dice algo sobre cómo Madrid entiende su propia identidad gastronómica: sin ruptura con el pasado.

¿Por qué Madrid atrae hoy por su gastronomía?

Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía, utilizó la ceremonia para ofrecer un diagnóstico del momento que vive la ciudad. «Madrid está en un momento de ebullición y se ha convertido en un destino gastronómico de primera división», declaró, según recogen tanto Origen como Restauración News. El dato que ofreció a continuación resulta revelador: la gastronomía ya es el segundo motivo de visita a la ciudad, solo por detrás de la oferta cultural, cuando hace una década los viajeros acudían principalmente por los museos o el fútbol.

La paradoja que Enríquez señala como motor de ese atractivo es que Madrid no lo ha construido sobre una cocina uniforme o de marca reconocible, sino sobre su capacidad de albergar todo lo contrario: lo centenario junto a lo experimental, la taberna de callos junto al omakase japonés, el cocido de toda la vida junto al cebiche o los tacos. Una ciudad que, en sus palabras, «es de aluvión», donde cada recién llegado deposita lo mejor de su territorio sin que eso borre el recetario propio.

La expansión hacia los barrios es otro de los vectores que Enríquez identifica como clave. La oferta ya no se concentra en el centro histórico: los barrios, dice el presidente de la Academia, «están despertando» y enriquecen un mapa gastronómico que no para de crecer.

Diez años de premios, diez años de transformación

Los galardones nacieron en 2016 con la voluntad de visibilizar a quienes trabajan en silencio para elevar la gastronomía madrileña: cocineros, productores, jefes de sala, sumilleres, comerciantes y empresarios. En una década, las categorías han ido incorporando nuevas realidades del sector, desde el auge de los grupos de restauración hasta la relevancia creciente de la cocina de producto.

Lo que el palmarés de 2026 confirma es que la escena madrileña no tiene un solo centro de gravedad. Hay sitio para un omakase de alta precisión, para una pastelería con un siglo de historia y para una dark kitchen que muta en restaurante. Esa pluralidad, más que ningún nombre concreto, es probablemente el mejor argumento de la Academia para sus próximos diez años.

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